Un picnic en el trabajo
Eran las 14:05 de la tarde, ya no quedaba nadie en el trabajo y llovía a cántaros. Lo había preparado todo para que resultara lo más cómodo posible. Estaba un poco nervioso.
Cerré la puerta, baje la persiana y apagué la luz como de costumbre, el almacen estaba iluminado solamente por la luz que entraba por las ventanas que daban a la calle.
Yo le había llamado para que viniera a probar el único "ángulo muerto" que había a salvo de las miradas de la gente de la calle.
Estaba tardando y yo aproveché para últimar los detalles. Puse cajas con material que nos pudieran servir de sillas o de apoyo y una lona en el suelo por si nos echabamos al suelo. Calculé las alturas, las distancias para estar cómodos y para no hacer demasiados ruidos.
Al fin llegó. La recibí con una rosa y un beso apasionado. Sin duda ella me respondió con otro más apasionado y más caliente. Ella siempre da más, me tiene muy mal acostumbrado.
Le expliqué el plan y tras comprobar que todo estaba bien se arrodilló ante mi y sin mediar palabra me sacó el miembro y se lo metió de un golpe en su boca. Me lamió un buen rato pasando de la polla a los huevos, acariciando el escroto y el orificio anal como sólo ella sabe y cuando más me estaba gustando se levantó, se puso sobre una de las cajas, se levantó la falda y apartando el tanga me dijo, "te he traido tu comida". Con una sonrisa comí y bebí hasta saciarme. Su flujo tiene un sabor fantástico, agridulce, pero más dulce que agri. Delicioso.
De vez en cuando mirábamos a la calle para ver si alguien miraba, la gente paseaba por la calle con sus paraguas a un ritmo acelerado. Alguien se habia parado junto al cristal protegiendose de la lluvia, pero no miraba hacia adentro, sino hacia la calle. Lo que no se es si escuchaba, supongo que no.
Al rato ya no nos preocupábamos, lo utilizamos todo, el suelo, la fotocopiadora, la carretilla. Fué una tarde apasionada. Una dieta sabrosa.
A las 4 salimos a tomarnos el café. Ella volvió al trabajo y yo subí la persiana, como cada tarde a las 5.
Cerré la puerta, baje la persiana y apagué la luz como de costumbre, el almacen estaba iluminado solamente por la luz que entraba por las ventanas que daban a la calle.
Yo le había llamado para que viniera a probar el único "ángulo muerto" que había a salvo de las miradas de la gente de la calle.
Estaba tardando y yo aproveché para últimar los detalles. Puse cajas con material que nos pudieran servir de sillas o de apoyo y una lona en el suelo por si nos echabamos al suelo. Calculé las alturas, las distancias para estar cómodos y para no hacer demasiados ruidos.
Al fin llegó. La recibí con una rosa y un beso apasionado. Sin duda ella me respondió con otro más apasionado y más caliente. Ella siempre da más, me tiene muy mal acostumbrado.
Le expliqué el plan y tras comprobar que todo estaba bien se arrodilló ante mi y sin mediar palabra me sacó el miembro y se lo metió de un golpe en su boca. Me lamió un buen rato pasando de la polla a los huevos, acariciando el escroto y el orificio anal como sólo ella sabe y cuando más me estaba gustando se levantó, se puso sobre una de las cajas, se levantó la falda y apartando el tanga me dijo, "te he traido tu comida". Con una sonrisa comí y bebí hasta saciarme. Su flujo tiene un sabor fantástico, agridulce, pero más dulce que agri. Delicioso.
De vez en cuando mirábamos a la calle para ver si alguien miraba, la gente paseaba por la calle con sus paraguas a un ritmo acelerado. Alguien se habia parado junto al cristal protegiendose de la lluvia, pero no miraba hacia adentro, sino hacia la calle. Lo que no se es si escuchaba, supongo que no.
Al rato ya no nos preocupábamos, lo utilizamos todo, el suelo, la fotocopiadora, la carretilla. Fué una tarde apasionada. Una dieta sabrosa.
A las 4 salimos a tomarnos el café. Ella volvió al trabajo y yo subí la persiana, como cada tarde a las 5.
